Cristina Pérez | COINCIDENCIA DE LAS MENTES.

COINCIDENCIA DE LAS MENTES.

EMPECEMOS CON UNA COINCIDENCIA DE LAS MENTES.

Coincidencia: De acuerdo con el capítulo 3 de la exitosa obra de Napoleón Hill y W. Clement Stone, titulada Actitud Mental Positiva, publiqué el día de ayer el artículo  titulado “El hábito de la importunación”, lo menciono para llevar una secuencia de todos los principios de estos dos grandes y exitosos escritores, motivadores, estadounidenses. Ahora bien veamos que más nos dicen Hill y Clement referente a empezar con una coincidencia de las mentes.

MANIFESTACIONES DE NAPOLEÓN HILL & W. CLEMENT STONE.

Una coincidencia de las mentes. La segunda pregunta encauzó los pensamientos del joven hacia los canales adecuados y dio al doctor Fasdick la oportunidad de explicar lo que él entendía por Dios Universal.
COINCIDENCIA DE LAS MENTES

No hace mucho tiempo un estudiante de la Universidad de Columbia acudió a visitar al reverendo Harry Emerson Fosdickm pastor de iglesia Riverside de la ciudad de Nueva York. El estudiante apenas había franqueado la puerta cuando dijo: «¡Soy ateo!» Al sentarse, repitió en tono desafiante: «¡No creo en Dios!

EMPECEMOS CON UNA CON UNA COICIDENCIA DE LAS MENTES. 

Afortunadamente, el doctor Fosdick era un experto en el campo de la “semática”. 

Se denomina como “semántica” a la ciencia lingüística que estudia el significado de las palabras y expresiones, es decir, lo que las palabras quieren decir cuando hablamos o escribimos. Término acuñado por Michel Bréal en 1833.

Ahora bien, el doctor Fosdick sabía por su dilatada experiencia que jamás podría establecer una auténtica comunicación con otra persona; a no ser que comprendiera exactamente qué quería decir aquella persona con la palabras que estaba empleando:

  • De hecho, sabía también que era necesario que la otra persona lo comprendiera a él.
  • Por consiguiente, en lugar de ofenderse con la descarada afirmación del estudiante, el doctor Fosdick le expreso su sincero y amistoso interés y después le rogó: «Por favor, descríbamo el Dios en el que no cree».
  • El joven tuvo que reflexionar, tal como le ocurre a cualquiera persona a la que se dirige una pregunta que no provoca automáticamente una respuesta afirmativa o negativa.  
  • Sin duda alguna, el doctor Fosdick sabía que una pregunta atinada sería capaz de eliminar de la mente del joven las resistentes telarañas de pensamiento negativo.

CONTINUACIÓN “EMPECEMOS CON UNA COINCIDENCIA DE LAS MENTES Y LA HISTORIA DEL JOVEN QUE SE CONSIDERABA ATEO”.

Al cabo de un rato, el estudiante empezó a tratar de descrivir al Dios en el que no creía:

  • De hecho, al hacerlo así, le facilito al clérigo una clara imagen del Dios que rechazaba. 

«Bueno —dijo el doctor Fosdick una vez el alumno no hubo teminado—, si ese es el Dios en el que usted no cree, yo tampoco creo en él:

  • Por consiguiente, ambos somos ateos, No obstante —añadió—, seguimos teniendo el universo en nuestras manos. ¿Qué piensa usted de… su formación, su significado?»

Antes de despedirse del doctor Fosdick, el joven había descubierto que no era ateo en absoluto sino que por el contrario, era un magnífico teísta. Creía en Dios.

Ahora bien, el doctor Fosdick no se había arredrado ante el uso impreciso de una palabra:

  • De hecho, en este caso, contribuyó a elimnar las telarañas mentales del joven, haciéndole preguntas. 
  • Sin duda alguna, una respuesta clara y sencilla a la pregunta relativa a quello en lo que; el joven no creía fue suficiente para que se produjera una coincidencia de sus mentes. 
  • En consecuencia, la segunda pregunta encauzó los pensamientos del joven hacia los canales adecuados y dió al doctor Fosdick la oportunidad de explicar lo que él entendía por Dios Universal. 

COINCIDENCIA DE LAS MENTES. “LAS ANCAS DE RANA LE ENSEÑARON LA LÓGICA”.

Tal como hemos visto, el estudiante llegó a dos conclusiones enteramente distintas. Cada una de ellas se basaba en una premisa distinta:

  • Sin duda alguna, las telarañas impiden la exactitud de pensamiento e inducen a llegar a una conclusión errónea cuando se parte de una premisa falsa.
  • De hecho, W. Clement Stone tuvo a este respecto una divertida experiencia que describe de la manera siguiente:

En mi infancia me gustaba comer ancas de rana. Un día, en un restaurante, me sirvieron unas ancas de rana enormes y no me gustaron. Inmediatamente llegué a la conclusion de que no me gustaban las ancas de rana de gran tamaño. 

Algunos años más tarde acudí a un lujoso restaurante de Louisville, Kentucky, y vi que en el menú figuraban ancas de rana. Mantuve con el camarero la siguiente conversación:

  • «¿Son pequeñas estas ancas de rana?»
  • «¡Sí señor!»
  • «¿Está seguro?» Las grandes no me gustan.
  • «¡Sí señor!»
  • «Si son peñqueñas, las tomaré.»
  • «¿Sí señor!»

Cuando regresó el camarero con el plato, ví que eran unas ancas de rana muy grandes. Me irrité y dije:

  • «¿Estas ancas de rana no son pequeñas!».
  • «Son las más pequeñas que hemos podido encontrar, señor», me contestó el camarero.
  • Para no desairarle, “me comí las ancas de rana”.
  • Y, “me gustaron tanto que pensé que ojalá hubieran sido más grandes”.
  • En consecuencia, “aprendí una lección de lógica”.

Al analizar la cuestión, comprendí que mis conclusiones sobre las ancas de rana grandes o pequeñas se habían basado en una premisa equivocada:

  • En primer lugar, “no era el tamaño de las ancas de rana lo que las hacía desagradables”.
  • Sin duda alguna, “lo que ocurría era que las enormes ancas de rana que había comido la primera vez no eran frescas”.
  • Desafortunadamente, “yo había asociado mi desgrado hacia las ancas de rana grandes con el tamaño y no ya con su mal estado”.

Veamos por tanto, que las telarañas mentales impiden una exactitud de pensamiento aun cuando partimos de una permisa equivocada. Y, de este modo, muchas personas no piensan con exactitud cuando permiten que ciertos símbolos verbales; de carácter general confunden su mente con permisas equivocadas:

  • Palabras o expresiones tales como, “siempre”.
  • Igualmente, “sólo”,
  • Tambien, “nunca, nada, todos, todo el mundo, nadie, no se puede, imposible”.
  • O,  “esto… o aquello, son muy a menudo premisas equivocadas”.
  • Por consiguiente, cuando se las utiliza de esta manera, sus conclusiones lógicas son falsas.

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Piensa en grande y tus hechos crecerán, piensa en pequeño y quedaras atrás, piensa que puedes y podrás, todo está en el estado mental. -Napoleón Hill.

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