Cristina Pérez | RENUNCIA A TENER LA RAZÓN CUARTA CLAVE

RENUNCIA A TENER LA RAZÓN CUARTA CLAVE

RENUNCIA A TENER LA RAZÓN CUARTA CLAVE DE LA FELICIDAD Y DE LA ILUMINACIÓN; DECIR: “TENGO LA RAZÓN” PROPORCIONA CONSUELO, PERO NO FELICIDAD AUTÉNTICA.

Renuncia; cuando no insisten en tener la razón accedes a una enorme cantidad de energía; el  Doctor Deppak Chopra en su libro La receta de la felicidad” manifiesta que tener la razón: implica que otro está equivocado; la confrontación de tener la razón y no tenerla daña cualquier relación; el resultado es todo el sufrimiento y los conflictos del mundo; renunciar a tener la razón no significa que no tengas una opinión, pero puedes renunciar a tu necesidad de defenderla; en la indefensión encontramos la invencibilidad, pues ya no hay nada que pueda atacarse.

Renuncia a tener la razón; Todos somos conciencias individuales con manera peculiares de ver la vida; la plenitud es un estado de profunda paz y felicidad.

La mayoría de las personas están estancadas tratando de imponer su punto de vista al mundo; llevan consigo creencias acerca de la correcto y lo incorrecto, y se aferran a ellas por años; decir: “Tengo la razón” proporciona consuelo, pero no felicidad auténtica; aquellos por quienes te consideras maltratado nunca te pedirán disculpas ni harán que tus quejas o heridas desaparezcan; las personas con quienes te comparas permanecerán asiladas; nunca nadie ha sido feliz al demostrar que tenía la razón; el único resultado es el conflicto y la confrontación; pues la necesidad de tener la razón exige que alguien esté equivocado.

RENUNCIA A TENER LA RAZÓN; LO CORRECTO ES LO QUE SE AJUSTA A TU PERCEPCIÓN, TÚ  VEZ AL MUNDO COMO TÚ ERES, Y LOS DEMÁS LO VEN COMO ELLOS SON.

RENUNCIA A TENER LA RAZÓN; LO CORRECTO ES LO QUE SE AJUSTA A TU PERCEPCIÓN, TÚ  VEZ AL MUNDO COMO TÚ ERES, Y LOS DEMÁS LO VEN COMO ELLOS SON.
RENUNCIA A TENER LA RAZÓN.

No existe tal cosa como la única perspectiva correcta; lo correcto es lo que se ajusta a tu percepción.

Tú vez al mundo como tú eres, y los demás lo ven como ellos son; este conocimiento es liberador, en primer lugar porque te hace único; y en última instancia porque te hace  cocreador con Dios; pues a medida que se expande tu conciencia también se ensancha la realidad; esto devela un enorme potencial oculto; si insistes en tener razón ocurre lo contrario; como los demás estarán en desacuerdo, tu necesidad de estar en lo correcto generará: “antagonismo”(Incompatibilidad, oposición o rivalidad entre personas, opiniones o ideas) guerras, a menudo en nombre de Dios.

Si el mundo es el espejo de lo que somos, siempre está reflejando una perspectiva.

La objetividad es una ilusión del ego, creada por reforzar su insistencia en lo que considera correcto; es triste que las personas sacrifiquen la finalidad verdadera de la vida, incrementar la alegría y la felicidad; por el frío consuelo de juzgar a los demás y sentirse superiores; si ves el mundo con sentencias y no con amor, ése será el mundo que habitarás; nuestra perspectiva única es un don; vivimos en un universo que refleja lo que somos, lo cual deberíamos valorar y celebrar; pero en vez de ello estamos atareados defendiendo la pequeña parte que nos corresponde.

Piensa en cómo se desarrollan las relaciones:

  • Nos llevamos bien con quienes están de acuerdo con nuestro punto de vista.
  • Sentimos una conexión íntima.
  • Nos sentimos validados en su presencia.

Luego se rompe el encanto: resulta que la otra persona tiene muchas opiniones y creencias con las que no concordamos en absoluto; en ese momento se desata la guerra entre lo correcto y lo incorrecto; al tiempo que se despliega el sendero hacia la infelicidad.

RENUNCIA A TENER LA RAZÓN; EL HECHO DE MANTENER UNA RELACIÓN ÍNTIMA HACE AÚN MAS DOLOROSO HALLAR PUNTOS DE DISCORDIA.

EN LA RELACIÓN ÍNTIMA PREGÚNTATE: “¿QUE QUIERO EN REALIDAD EN ESTA CIRCUNSTANCIA, TENER LA RAZÓN O SER FELIZ?”

En el sutil nivel emocional te sientes abandonado; la hermosa sensación de fundirte con alguien a quien amas se destruye.

En este momento el amor queda mermado; ambas personas experimentan el regreso del ego; que dice: “Yo tengo la razón mi manera de hacer las cosas es la única correcta; si en verdad me amaras te daría por vencido”; pero en realidad el amor no se ha malogrado; simplemente ha sido bloqueado por la necesidad de tener la razón, de aferrarnos a nuestro punto de vista; en vez de rendirnos a lo que haría el amor; sin embargo, para el ego la rendición es sinónimo de derrota y vergüenza.

Si adviertes que lo anterior está pasando, cada vez que surja en tu conciencia la necesidad de tener razón; analiza la circunstancia y su contexto.

¿Es posible que la perspectiva de otra persona sea tan válida como la tuya? dada la equivalencia de todos los puntos de vista, ya no tiene que haber vencedores y vencidos; pregúntate: “¿Qué quiero en realidad en esta circunstancia, tener la razón o ser feliz”? observa que no son iguales; cuando cedes a tu necesidad de estar en lo correcto: das la espalda al amor a la comunión y, en última instancia, igualmente a la unidad; la unidad es certeza de que el nivel más profundo todos compartimos la misma conciencia; fuente de todo el amor y de toda la alegría; mientra más aceptes esto, menor necesidad tendrás de ser sentencioso.

A medida que profundices en tu experiencia de no necesitar tener la razón, tu mente se tranquilizará.

Surgirá una certeza que los envolverá a ti y a la persona que no concuerda contigo; a medida que te relajas y dejas de estar a la defensiva; se reducirá tu obsesión con definiciones, etiquetas, descripciones, evaluaciones, análisis y juicios: todos estos son parte de la batería de defensa del ego; son excelentes para desatar discusiones y guerras, y pésimas para establecer la paz; conforme se disipa nuestra necesidad de tener la razón, se reduce agravios y resentimientos; que son las consecuencia de creerse en lo correcto; hace falta sentirse agraviado para considerarse una víctima.

Pero, ¿no existen víctimas verdaderas en el mundo, personas que han sido objeto de terribles injusticias y maltratos?

La injusticia es real e innegable, pero la etiqueta de “víctima” es una cosa, de hecho es una herida psicológica; una persona marcada por ella no puede sino desarrollar una historia que cada nueva experiencia refuerza:

  • “La vida me ha hecho sufrir, estoy débil y herido; me encuentro resentido con quienes ejercen poder sobre mi; mi dolor se ha convertido en lo que soy”.

En última instancia, ser la víctima es una forma de autocrítica; con el pretexto de haber sido herido, te hieres todos lo días asumiendo ese papel.

Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace.- Jean Paul Sartre..Si deseas tener éxito en la vida,  yo te puedo ayudar a conseguirlo trabaja con … Cristina Pérez G.

 

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